Cuarentena de Juan Gonzalo Rose
los malos poemas No los destruyas. No los eches al pozo de los cielos. Tal vez ellos retornen después que la belleza se haya ido. Cuando la soledad camine libremente de la cama hasta el patio y mi casa parezca -al ojo del infante- algún enorme erizo. Entonces, quizás entre sus líneas descubras un instante inadvertido; la palabra extraviada en domingos zoológicos; algo más verdadero que lo hermoso. Nadie sabe. Consérvalos. Cambia tu piel. También la piel del mundo. Pero el poema queda guardando su misterio. Tal vez no hay en tu cuerpo -todavía- esa única lámpara con la que puedes verlo. razón - 40 Cuán derrotadas mis hurganzas laicas, mis deseos de ser razón vidriante, mis marxismos. El mismo niño añón hoy sigo siendo a los cuarenta pares del gran toro; el mismo pequeñín arrodillado ante los presbiterios, las urracas. El mismo sacristán de los menjunjes ácimos, el que iba a Dios como a su propia casa. Para qué mis a...



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